
Dr. Luis Edgardo Figueroa Montes
La humanidad atraviesa una etapa de tensión epidemiológica global. Mientras el mundo aún arrastra las secuelas sociales, económicas y sanitarias por la pandemia del SARS-CoV-2, nuevos brotes de virus muy letales y transmisibles, vuelven a encender las alertas internacionales. El resurgimiento del Ébola en África, los brotes de Hantavirus en diversas regiones y el incremento sostenido de casos de sarampión en América Latina, incluido el Perú, no son eventos aislados, son señales de una transformación epidemiológica global (1,2).
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que el riesgo de pandemias continúa aumentando, mientras la inversión internacional en vigilancia y preparación sanitaria disminuye (1). En paralelo, expertos internacionales sostienen que los cambios ambientales, el calentamiento global, la deforestación, la expansión urbana desordenada y la interacción creciente entre humanos y reservorios animales están favoreciendo la emergencia y reemergencia de enfermedades zoonóticas (3,4).
Hoy no solo enfrentamos virus. Enfrentamos también sistemas sanitarios debilitados, fatiga social postpandemia, desinformación científica y una peligrosa reducción de la percepción del riesgo colectivo: de una salud individual a riesgos de una salud colectiva.
Cambio climático y emergencia de virus zoonóticos
El cambio climático ya no solo un problema ambiental; constituye una amenaza directa para la salud pública global. El incremento de temperaturas, las alteraciones en los ecosistemas y las migraciones forzadas de especies están modificando la distribución geográfica de múltiples reservorios virales y vectores biológicos (3).
En este contexto, enfermedades zoonóticas como el Ébola y el Hantavirus encuentran condiciones favorables para emerger con mayor frecuencia. Diversos análisis internacionales estiman que existen en promedio 10,000 virus con potencial de transmitirse de animales a humanos, muchos aún desconocidos para la ciencia (3).
El reciente brote de Ébola en África Central ha vuelto a evidenciar la vulnerabilidad de los sistemas sanitarios frente a enfermedades de alta letalidad. La OMS reportó cientos de casos sospechosos y un número creciente de muertes, alertando sobre la velocidad de propagación y el riesgo de expansión urbana (5). Factores como pobreza, desplazamientos poblacionales, crisis humanitarias y limitada capacidad diagnóstica contribuyen al riesgo de transmisión sostenida (5).
En paralelo, los brotes de Hantavirus recuerdan que la relación entre cambio ecológico y enfermedad infecciosa es cada vez más estrecha. Alteraciones climáticas extremas, lluvias intensas y cambios en hábitats naturales favorecen el incremento de poblaciones de roedores reservorios, aumentando la exposición humana (4,6).
La salud humana, animal y ambiental ya no puede entenderse de forma fragmentada. El enfoque «Una salud» – «One Health» emerge como una necesidad estratégica y no como una simple recomendación académica.
Sarampión: el regreso de una enfermedad prevenible
A diferencia del Ébola o el Hantavirus, el sarampión representa una paradoja epidemiológica moderna: es una enfermedad prevenible mediante vacunación y, sin embargo, está resurgiendo de forma alarmante. La OMS y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) informaron un incremento explosivo de casos de sarampión en las Américas durante 2025 y 2026. Miles de casos confirmados y múltiples muertes asociadas han afectado a personas no vacunadas o con esquemas incompletos (7).
El Perú no es ajeno a esta amenaza. La reaparición de casos refleja brechas acumuladas en cobertura de vacunación, disminución de campañas preventivas y debilitamiento de los programas de inmunización tras la pandemia. El Ministerios de Salud del Perú, declaró en Emergencia Sanitaria, por el plazo de 90 días calendario, a Lima Metropolitana y los departamentos de Puno, Arequipa, Cusco, Huancavelica, Moquegua, Amazonas, Loreto, Tacna, Tumbes, Ucayali, Madre de Dios y Apurímac, y la Provincia Constitucional del Callao (8).
El sarampión posee uno de los índices de contagiosidad más altos conocidos en medicina. Para evitar brotes, se requiere una cobertura mínima de vacunación superior al 95% con dos dosis. Sin embargo, la OPS reportó que gran parte de los países de la región aún no alcanza estos niveles de protección. La caída de la vacunación responde a múltiples factores: interrupción de programas sanitarios durante la pandemia, desigualdad en acceso a servicios de salud, desinformación y movimientos antivacunas, reducción de recursos públicos, y debilitamiento de la confianza en las instituciones (7).
En epidemiología, las brechas pequeñas generan consecuencias enormes. Basta una reducción moderada en cobertura para reabrir cadenas de transmisión.
El laboratorio clínico como centinela epidemiológico
Frente a este nuevo escenario sanitario, la medicina de laboratorio adquiere un rol crítico y estratégico. La detección precoz, la vigilancia molecular, el diagnóstico diferencial oportuno y la integración de datos epidemiológicos son esenciales para contener brotes antes de que evolucionen hacia emergencias mayores (7).
La experiencia global demuestra que los países con sistemas diagnósticos sólidos poseen mayor capacidad de respuesta, mejor vigilancia y menor impacto sanitario. Por el contrario, la demora diagnóstica favorece la expansión silenciosa de enfermedades muy transmisibles. El laboratorio clínico moderno ya no debe ser visto como un servicio de apoyo diagnóstico «Somos el diagnóstico». Debe consolidarse como un centro de inteligencia epidemiológica capaz de anticipar riesgos, integrar datos poblacionales y fortalecer la prevención.
En conclusión, las epidemias actuales representan mucho más que eventos infecciosos. Son indicadores de desequilibrios profundos entre sociedad, ambiente y sistemas de salud. El cambio climático acelera la emergencia de nuevos patógenos. La fragilidad sanitaria amplifica su impacto. Y la pérdida de confianza en la ciencia amenaza décadas de avances en salud pública. La historia ha demostrado que los virus siempre encuentran las grietas de las sociedades vulnerables. La pregunta no es si aparecerán nuevas epidemias, sino cuán preparados estaremos para enfrentarlas.
El futuro de la seguridad sanitaria global dependerá de nuestra capacidad para fortalecer la vigilancia epidemiológica, recuperar las coberturas de vacunación, invertir en ciencia y comprender que la salud humana está conectada con la salud planetaria.
Enlaces de interés
- OMS https://www.who.int/es/emergencies/disease-outbreak-news
- OPS https://www.paho.org/es/alertas-actualizaciones-epidemiologicas
- https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-05-17/diez-mil-virus-de-animales-a-personas-el-cambio-climatico-y-la-globalizacion-amenazan-a-la-humanidad.html
- https://www.theguardian.com/global-development/2026/may/18/infectious-diseases-hantavirus-ebola-more-frequent-damaging-pandemic-outbreak
- https://elpais.com/sociedad/2026-05-19/la-oms-eleva-a-130-los-muertos-sospechosos-de-ebola-y-a-mas-de-500-los-infectados.html
- https://www.nature.com/articles/s41586-022-04788-w
- https://www.paho.org/es/documentos/alerta-epidemiologica-sarampion-region-americas-3-febrero-2026
- https://www.gob.pe/institucion/minsa/normas-legales/8140410-008-2026-sa

